Las siguientes líneas es una trascripción recogida de una publicación realizada por la Red Nacional de Acción Ecologista del Perú.(RENACE- PERU) - "Textos por la naturaleza, Lima 2005 Num 16, año 12"
Confieso no tener la autorización para copiarlo, pero lo realizo con la finalidad de apoyar y sensibilizar. Espero no incomodar a nadie con ello.
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No hay nada que me aleje más de mí misma que esta calle que odio. Esta avenida que me atropella, me enferma hasta la crisis, y hace que toda la existencia se vacíe. Puede que mi experiencia carezca de interés, y mi sudor y mis nervios crispados no cuenten para el resto, igual te instruiré en ella.
Entrar a la Avenida Abancay es una prueba de estoicismo.
Asegurate de mantener el equilibrio, presérvante aguanta.
Adiéstrate en el ejercicio de no pensar en el espantoso panorama que miras, que escuchas, que padeces. Esquiva a la gente, las miradas, las deformidades, sobre todo las deformidades. Bien, entonces camina hasta la avenida misma, avanza hacia la mitad de la cuadra, porque, en la Avenida Abancay, no hay poderosos. Es tierra de nadie, las combis se detienen donde quieren, donde pueden, dejan a la gente donde se les da la gana y la recogen, también, ahí mismo. Todo huele, todo suena, todo roza, todo grita: los transeúntes, los tubos de escape, los vendedores, los niños.
Sigue, entonces prendiendote de tu mochila y de los ojos de quienes la chequean. Mira tu combi - siempre y cuando no hayan procesiones o marchas - y, si tienes suerte y piernas, trépala. No encontrarás diferencia entre el interior y el exterior, adentro también todo huele, todo suena todo roza,todo grita. Si te sientas para el lado de la ventana sentirás golpes en la lata. La gente la golpea por que quiere cruzar la calle, por que se ha peleado con el chofer, porque quiere que se detenga para recogerla, el cobrador por que quieren que suban o bajen, elchofer para apurar a otra combi. Y así se te eriza cada atomo de la piel, se te pone rígida la espalda y el cuello, se te quiebra el cuerpo y la cabeza con tanto golpe. Te vuelves tu cuerpo. Se te hace imposible huir de la calle. Tienes irremediablemente que estar en ella y pensar en ella, en como te pone: loca, al borde de la neurosis.
Si vas de pie aférrate bien al pasamanos y entrena tu nariz hasta la indiferencia. Trata de reconocer prematuramente cuando la combi dara una de sus quinientas sobreparadas en el trayecto de una cuadra para que no te vayas hacia adelante, se te caiga la mochila y te golpees la cabeza con algún fierro. Si la grasa del vidrio te permite ver algo, evita mirar a la gente a los ojos pues corres el riesgo de que te caiga un potente escupitajo de algún alterado - como todas y todos los que compartimos este ambiente- conciudadano, o en su defecto, un piropo bien destructivo, de esos que te hacen pensar en un futuro en el extranjero, porque sino regresarás, toda tú, a ser tu cuerpo.
Lo ideal es proveerte de unos buenos audífonos y cantar Public pervert para devolver la agresión. porque, además, en una típica combi de la Avenida Abancay es imposible leer. Deja de lado tu sensibilidad y tu capacidad de sentir lástima ¡no seas niña! no te conmuevas con cada vendedor niño o evangélico, anciana o fumón, enfermo o gestante, así venda golosinas, agujas, huevos de codorniz, folletos, lapiceros. Olvídate. No mires. Solo concéntrate, absorta en el humo y el cielo gris. Condensa tus pensamientos en la negrura de las veredas , en los sucios colores de los afiches, en el escozor que sientes en el rostro. Sonríe, todo dura apenas unos perpetuos 45 minutos. Y luego, tan tan tan tan... la Avenida Manco Cápac. Paréntesis que merece otro tipo de instrucciones, mas vinculadas al morbo y al aobservación de lo abyecto.
Olga Rodriguez Ulloa.
(Lima, 1980)